TÓXICOS
Señoras y señores, ¿cuántos de ustedes se han encontrado, alguna
vez, una persona tóxica? No hace falta que me respondan, ya se lo digo yo. Todos, todos y cada uno de los
que están leyendo este texto, incluso los que no lo han leído ni lo leerán
jamás. Todos hemos compartido tiempo de vida con algún personaje tóxico que ha
hecho nuestra existencia un poco más amarga; personajes que no tienen por qué
ser o haber sido enemigos, de hecho estas personas abundan en nuestros círculos
de amistad más cercanos.
Empecemos dejando a un lado las habituales clasificaciones,
las personas no son buenas o malas, cada uno se rige por su propia moral, es
responsable de sus actos y actúa a través de su propia personalidad; algunas
rígidas, otras bastante más endebles e influenciadas. Lo cuestión es que esta
gente existe, incluso abunda, hasta el punto de que todos y cada uno de nosotros
conoceremos a más de alguien así en nuestras vidas.
El problema de este núcleo social es reconocerlo, pues, a
priori, estos individuos se presentan como gente normal, a veces incluso
cercana y agradable, lo cual complica tremendamente su distinción. Sin embargo,
todos comparten la misma “kryptonita”: El tiempo. Sí, el tiempo, pues
únicamente el paso de este, será lo que nos permita cerciorarnos de si una
persona es o no tóxica.
Me explico, estas pueden parecer gente normal a primera
vista, es por eso que, con la mayoría, creamos fuertes lazos de afecto, pero
con el paso del tiempo, los individuos tóxicos tienden a actuar de manera
sospechosa, como queriéndonos ya advertir, inconscientemente, de su inevitable
naturaleza. Estas personas, sea cual sea su relación para con nosotros,
comienzan a absorbernos paulatinamente, con el objetivo de controlarnos para
así poder asegurarse de que, pase lo que pase, nosotros siempre estemos un
pelín más infelices que ellos. Estos casos pueden darse en todo tipo de
personas, desde amigas/os, hasta la familia y parejas sentimentales, y son
debidos, principalmente, a una gran variedad de complejos, sumada a las altas
dosis de egoísmo que sufren estos personajes.
En pocas palabras, lo que los tóxicos desean es tenernos en
la palma de su mano, manipularnos a su antojo usando todo tipo de maltratos –tanto
físicos como verbales-, y cualquier chantaje emocional que sea necesario, para
así no permitir que seamos nunca más felices que ellos. Para que nos entendamos,
hablamos de esas personas que se alteran cada vez que no podemos dedicarlas
todo el tiempo que requieran, cada vez que nos ven bien, o simplemente cada vez
que les plazca, porque alterarse para luego hacernos sentir mal a nosotros es
una de las mejores actividades que conocen para combatir el triste tedio en el
que viven.
¿Todavía necesitan más pistas? Hablamos de gente vacía, sin
ningún tipo de amor verdadero, sin sueños, sin relaciones plenas ni sinceras y,
por qué no decirlo, con muy muy mala leche. Gente que, poco a poco, nos va
introduciendo en una espiral de negatividad e infelicidad, dirigida,
únicamente, a satisfacer sus deseos personales.
Puede parecerles una tontería, pero esta gente casi siempre
se sale con la suya para, consiguientemente, someter al primer pobre desgraciado/a
que se le cruce. Es gente peligrosa, es gente sin escrúpulos, y es gente real,
aunque demasiado camuflada.
Así que, si son ustedes de los que todavía creen que los
tóxicos son un mito, les recomiendo que peguen un repaso a su entorno social,
por confiable que sea, y me digan si su gente cumple los requisitos que acabo
de exponerles, y, si es así, solo les puede dar un consejo: Mándenlos a la
mierda. Porque mientras su conciencia esté tranquila, y su vida siga teniendo
un significado, no debe permitir que nada ni nadie se interponga en su camino
para intentar arrebatarle la ilusión y las ganas de seguir siendo usted, y
mucho menos de seguir siendo feliz.
No titubee, no dude, actúe, ellos que hagan lo que quieran,
pues bastante castigo tienen ya al solo poder conseguir la felicidad mediante
la desgracia ajena.
Sea feliz, y lo demás… A LA MIERDA.
PAZ.

Comentarios
Publicar un comentario