PERIODISMO Y MORBO, ENTRE OTRAS COSAS



Hace justo un mes desapareció en Níjar, Almería, Gabriel Cruz, un niño de 8 años. El impacto de esta noticia fue tal, que durante los siguientes días el caso copó las portadas de los diarios más relevantes a nivel nacional. Pero sin duda el sector periodístico que más importancia le otorgó a este suceso fue la televisión: Día tras día, el caso Gabriel dio lugar a tertulias, debates e informativos dedicados de forma casi exclusiva a profundizar en este. 

Hasta aquí todo bien, es sabido que en este país gozamos de una libertad de prensa que nos permite difundir y recibir información veraz de forma libre siempre y cuando esta no vulnere ningún principio establecido en la constitución: calumniar, injuriar, etc. Pero este principio, teóricamente positivo para la profesión, puede llegar a chocar con valores intrínsecos a la misma. Me explico, los medios no solo informan u opinan sobre determinados asuntos, su labor periodística va más allá, pues serán ellos quienes dicten los temas sobre los cuales opinar y estar informados. De modo que si permitimos que algunas noticias, por jugosas que sean, monopolicen el tratamiento informativo, perdemos la oportunidad o el tiempo de informar sobre otros igualmente importantes. Bien es cierto que no se puede abordar todo suceso relevante a nivel mundial, tampoco a nivel nacional. Pero sí realizar una labor de selección más profesional, más imparcial, más periodística.

Entonces, ¿por qué no llevarla a cabo?

Por una razón muy sencilla: llámenla publicidad, audiencia, beneficios, como quieran, al final todo se reduce a lo mismo, dinero. El paroxismo o enaltecimiento de la comercialización aplicada al periodismo que, por desgracia, goza de su máximo apogeo en la actualidad. Claro que la sociedad merece estar al tanto de la última hora, pero la línea entre información y morbo es tremendamente fina, y muchos la traspasan con facilidad. Con el trágico desenlace del caso Gabriel, el tratamiento mediático debería haberse reducido drásticamente hasta terminar, pero nada más lejos de la realidad, pues el encuentro del cuerpo del pequeño y la posterior detención de su madrastra –ahora culpable confesa- solo dieron lugar a un sinfín de espacios informativos dedicados a frivolizar con el caso, no a informar. Ahí reside el fundamental límite de la información, cuando nuestro contenido no informa, sino que juzga, frivoliza y fomenta un odio insaciable hacia la figura responsable del crimen, en este caso, Ana Julia.

Ojo, no pretendo ni pretenderé defender nunca a esta mujer, ha transgredido unos límites legales y morales que nadie debería nunca rebasar, pero su destino está ahora en manos de la justicia, no en las nuestras. Claro que todos merecemos opinar, es positivo y uno de los principales rasgos de una democracia sana, lo que no es sano es llevar el debate público al extremo. Antiguamente su opinión se quedaba en casa, en el bar o en el trabajo, pero si a día de hoy usted publica su opinión en las redes prácticamente el mundo entero –brecha digital aparte- podrá acceder a ella. Ahora sus palabras tienen mucho más impacto, y debe ser consciente de ello.

Insisto, todos merecemos opinar, pero pedir públicamente el linchamiento o incluso la muerte de alguien no es opinar, es instar al resto de la población a hacer cosas tan horribles como aquella que están criticando. El debate público es peligroso, y de los medios depende moderarlo.

Podemos seguir haciendo leña del árbol caído, pero mientras frivolicemos con asuntos resueltos, los medios seguirán aprovechándose de nosotros, lucrándose a costa de nuestra ignorancia sobre temas más importantes. Porque mientras los informativos entrevistan al funcionario de prisión de Ana Julia y dedican programas especiales de luto o despedida a Gabriel, pierden la oportunidad de contarles cuál es el panorama económico actual, lo politizado que está nuestro país donde el Consejo de Poder Judicial está elegido en su totalidad por dos partidos políticos, y un sinfín de temas restantes que les afectan de forma mucho más directa que cualquier acontecimiento de este tipo.

Ojalá no tuvieran lugar sucesos de esta índole, pero ya está bien de incidir en ello. Los medios deben pasar página, lo merece la sociedad y lo merecen, en mayor medida si cabe, los familiares de Gabriel que necesitan enterrar este trágico capítulo de sus vidas para seguir adelante.

Los medios deben estar a su servicio, y no al revés. Lamentablemente las intenciones de las élites dejaron de ser buenas hace mucho tiempo, nos dominan, a ellos les conviene y ustedes no se dan cuenta y únicamente de nosotros depende revertir la situación.

Lean, observen, y opinen, pero no dejen que les dominen. Porque eso no es periodismo, es morbo, entre otras cosas.


Comentarios

Entradas populares de este blog

UN DIBUJO

VUELA

PERFECTA