ELLA
Llego a la habitación y está esperándome. Llevo demasiado tiempo sin verla. Me gustaría saber cómo le va antes de empezar, pero ella no es de las que hablan.
No me toca, no me mira, solo acerca su boca a la mía hasta que acabamos respirando el mismo aire. Alza la vista y ya he perdido la cabeza, nunca llegaré a entender el poder que tiene sobre mí.
Entonces decide besarme porque ella es de las que toman la iniciativa. No es un beso normal, es de esos que tienen recorrido, de los que implican algo más. Baja al cuello y se me escapa un suspiro, le diría mil cosas pero ella no es de las que escuchan.
Sigue bajando, desliza sus labios por mi cuerpo con la soltura de una gota de agua. Me baja los pantalones y toma el control. Hasta arrodillada consigue tenerme a sus pies. Solo ella es capaz de hacerlo.
Se levanta y me empuja sobre la cama. Se lanza sobre mí antes de dejarme si quiera pensar.
Muchas piensan que follar sin amor es follar a medias pero ella no, ella es de mente abierta.
Nos quitamos la poca ropa que nos queda y ya no hay vuelta atrás. Me besa y se mueve como si esta fuera la última vez, como si fuéramos a dejar el mundo tras este orgasmo.
Me agarra del pelo, me araña la espalda, la tengo entre mis brazos y aún así sigo sintiéndola lejos, como si nunca se dejara coger del todo.
Ahora sí, estamos en su caos, aquí ella es la reina y le encanta.
Me coge la cara y me gime al oído. Me separa y me acerca cuando quiere, me maneja a su antojo. No se lo aguantaría a nadie, pero es que es ella.
Pasan los minutos, o quizás las horas, con tantas posturas me hace perder la noción del tiempo. La tengo a cuatro, estamos mirando a la pared pero sigue girando la cabeza hacia mí recordándome que aquí manda ella.
No puedo dejar de mirarla, me pone de la cabeza a los pies y lo sabe. Fue esa seguridad lo que atrajo de ella.
Se acerca el final. El pulso se nos dispara, la respiración se entrecorta y lo único que oigo es a nuestros cuerpos fundiéndose cada vez más rápido, cada vez más fuerte.
Vuelve a mirarme, grita mi nombre y gastamos la poca energía que nos queda corriéndonos. Se acabó. Vuelta al puzzle roto, vuelta al yo sin ella.
Ojalá no se fuera pero ella no es de las que se queda.
Ojalá volviera pero ella no es de las que llama al día siguiente.
No se va para no volver, se va porque sabe que puede volver cuando quiera.
Se marcha dejándome en el cuello sus marcas, en mi almohada su olor y en mi cabeza ... Solo ella.
No me toca, no me mira, solo acerca su boca a la mía hasta que acabamos respirando el mismo aire. Alza la vista y ya he perdido la cabeza, nunca llegaré a entender el poder que tiene sobre mí.
Entonces decide besarme porque ella es de las que toman la iniciativa. No es un beso normal, es de esos que tienen recorrido, de los que implican algo más. Baja al cuello y se me escapa un suspiro, le diría mil cosas pero ella no es de las que escuchan.
Sigue bajando, desliza sus labios por mi cuerpo con la soltura de una gota de agua. Me baja los pantalones y toma el control. Hasta arrodillada consigue tenerme a sus pies. Solo ella es capaz de hacerlo.
Se levanta y me empuja sobre la cama. Se lanza sobre mí antes de dejarme si quiera pensar.
Muchas piensan que follar sin amor es follar a medias pero ella no, ella es de mente abierta.
Nos quitamos la poca ropa que nos queda y ya no hay vuelta atrás. Me besa y se mueve como si esta fuera la última vez, como si fuéramos a dejar el mundo tras este orgasmo.
Me agarra del pelo, me araña la espalda, la tengo entre mis brazos y aún así sigo sintiéndola lejos, como si nunca se dejara coger del todo.
Ahora sí, estamos en su caos, aquí ella es la reina y le encanta.
Me coge la cara y me gime al oído. Me separa y me acerca cuando quiere, me maneja a su antojo. No se lo aguantaría a nadie, pero es que es ella.
Pasan los minutos, o quizás las horas, con tantas posturas me hace perder la noción del tiempo. La tengo a cuatro, estamos mirando a la pared pero sigue girando la cabeza hacia mí recordándome que aquí manda ella.
No puedo dejar de mirarla, me pone de la cabeza a los pies y lo sabe. Fue esa seguridad lo que atrajo de ella.
Se acerca el final. El pulso se nos dispara, la respiración se entrecorta y lo único que oigo es a nuestros cuerpos fundiéndose cada vez más rápido, cada vez más fuerte.
Vuelve a mirarme, grita mi nombre y gastamos la poca energía que nos queda corriéndonos. Se acabó. Vuelta al puzzle roto, vuelta al yo sin ella.
Ojalá no se fuera pero ella no es de las que se queda.
Ojalá volviera pero ella no es de las que llama al día siguiente.
No se va para no volver, se va porque sabe que puede volver cuando quiera.
Se marcha dejándome en el cuello sus marcas, en mi almohada su olor y en mi cabeza ... Solo ella.

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