EQUILIBRIO.
¿Qué es el equilibrio? Podrías preguntar lo mismo a 100
personas y cada una te daría una respuesta diferente. El equilibrio no es algo tangible,
y mucho menos exacto, lo único seguro de este es que resulta vital para
alcanzar la felicidad.
Con el paso de los años, la vida nos jode por todas partes. Discusiones, accidentes, rupturas… creo firmemente que el mayor dolor que puede experimentar todo ser humano, es darse cuenta de que la vida no es como a este le gustaría que fuera. Somos seres egocéntricos por naturaleza, lo cual no tiene el por qué ser malo, simplemente debemos asumir que el mundo no gira a nuestro alrededor. Puedes vivir todo tipo de tragedias, puedes experimentar los mayores sufrimientos, puedes sentir que el mundo se desvanece, pero por suerte o por desgracia, este no sabe ni que existes.
Podrías perder tu casa, tu dinero, a un ser querido… podrías perderlo todo, pero, aunque te cueste creerlo, al día siguiente el sol volvería a salir. El resto de personas, cada una con su respectiva mierda, se volverían a levantar para hacer lo que sea que tuvieran que hacer. Y es justo ahí, cuando no puedes más, cuando crees que se acaba todo y el mundo se te cae encima, cuando te das cuenta, precisamente, del que el mundo no se te cae encima.
La vida sigue y con ella nosotros, pues por muy puta que esta pueda llegar a ser, debemos asumir que somos nosotros quienes debemos adaptarnos a ella para ser felices, y no al contrario. Eso es para mí el equilibrio, saber que no todo es blanco o negro, que la vida no es todo color de rosa, pero tampoco es una mierda. La vida es como tú la mires, no elegimos las cartas con las que jugar a esto, pero somos libres de jugarlas como nos plazca. En la actitud, y no en la fortuna, está el equilibrio. No hundirse cuando todo vaya mal, pero no confiarse cuando todo vaya bien, no dejar de valorar lo bueno mientras está, pero tampoco vivir atemorizado porque desaparezca. Sacar lo bueno a lo malo, y lo malo a lo bueno, asumir la realidad, y disfrutar su constante devenir, ESO es el maldito equilibrio.
Es quizás el estado –tanto físico como mental- más difícil de conseguir, pero merece la pena. Porque de poco sirve vivir empeñados en luchar, si ni siquiera sabemos exactamente contra qué lo hacemos y porque, mientras lo hacemos, se nos pasa la vida sin que la prestemos atención.
Disfruta lo bueno, aprende de lo malo, y se feliz, que no cuesta tanto.
Con el paso de los años, la vida nos jode por todas partes. Discusiones, accidentes, rupturas… creo firmemente que el mayor dolor que puede experimentar todo ser humano, es darse cuenta de que la vida no es como a este le gustaría que fuera. Somos seres egocéntricos por naturaleza, lo cual no tiene el por qué ser malo, simplemente debemos asumir que el mundo no gira a nuestro alrededor. Puedes vivir todo tipo de tragedias, puedes experimentar los mayores sufrimientos, puedes sentir que el mundo se desvanece, pero por suerte o por desgracia, este no sabe ni que existes.
Podrías perder tu casa, tu dinero, a un ser querido… podrías perderlo todo, pero, aunque te cueste creerlo, al día siguiente el sol volvería a salir. El resto de personas, cada una con su respectiva mierda, se volverían a levantar para hacer lo que sea que tuvieran que hacer. Y es justo ahí, cuando no puedes más, cuando crees que se acaba todo y el mundo se te cae encima, cuando te das cuenta, precisamente, del que el mundo no se te cae encima.
La vida sigue y con ella nosotros, pues por muy puta que esta pueda llegar a ser, debemos asumir que somos nosotros quienes debemos adaptarnos a ella para ser felices, y no al contrario. Eso es para mí el equilibrio, saber que no todo es blanco o negro, que la vida no es todo color de rosa, pero tampoco es una mierda. La vida es como tú la mires, no elegimos las cartas con las que jugar a esto, pero somos libres de jugarlas como nos plazca. En la actitud, y no en la fortuna, está el equilibrio. No hundirse cuando todo vaya mal, pero no confiarse cuando todo vaya bien, no dejar de valorar lo bueno mientras está, pero tampoco vivir atemorizado porque desaparezca. Sacar lo bueno a lo malo, y lo malo a lo bueno, asumir la realidad, y disfrutar su constante devenir, ESO es el maldito equilibrio.
Es quizás el estado –tanto físico como mental- más difícil de conseguir, pero merece la pena. Porque de poco sirve vivir empeñados en luchar, si ni siquiera sabemos exactamente contra qué lo hacemos y porque, mientras lo hacemos, se nos pasa la vida sin que la prestemos atención.
Disfruta lo bueno, aprende de lo malo, y se feliz, que no cuesta tanto.

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