QUÉ DIFÍCIL.
Qué difícil es hacerlo
todo sencillo, qué fácil es complicarse, y viceversa. Cuando crees que la
felicidad solo llega a través de otras personas, cuando la dejas en manos de
esa idealizada “media naranja”, solamente consigues darte una hostia y de las
grandes, porque no llega, y si lo hace, desde luego está muy lejos de cumplir
tus expectativas.
Entonces cambias, y empiezas a ver la vida como un camino que has de recorrer solo, habrá gente que te acompañe, pero no siempre, porque tus intereses son, única y exclusivamente, tuyos. Solos nacemos y, mal que nos pese, solos nos vamos. Así que comienzas a interiorizar esta idea, comienzas a auto convencerte de que, bueno, ¿para qué ibas a necesitar a alguien más? si al fin y al cabo lo que tú quieres es ser libre, viajar, encontrarte, y disfrutar sin nadie que te cohíba en tus aventuras, ¿no? Pues no, al menos parcialmente. La libertad es una de las mejores sensaciones que puede experimentar el ser humano, pero esta pierde todo su valor cuando no la vives plenamente, cuando esperas la llegada de alguien que llene ese “huequito” que te dejaron otras personas o que simplemente tú has creado para compadecerte de ti mismo a tu antojo.
Y es que, como de costumbre, la teoría y la práctica no combinan bien, y cuando ya tienes tu vida bien ordenada y planeada hasta el día de tu entrada a la residencia, esta te pone por el medio a alguien que rompe por completo tus esquemas. Alguien que te hace pensar que ahora sí, ahora va a salir bien, porque las relaciones anteriores fueron pruebas, porque a la decimoquinta va la vencida, y, coño, porque ya tocará ser feliz.
De la noche a la mañana derrocas la mayor parte de esas creencias que habían regido tu comportamiento durante años por una persona, parece una locura, pero joder, es que es ella. Entonces te embarcas en una de esas nuevas “aventuras” que te prometiste vivir, solo que cambias los viajes al extranjero por los viajes a sofás, donde mejor se lleva a cabo el famoso “peli-manta”, pero qué más da, todos queremos ser felices, y si te hacen sentir así, ¿por qué dejar pasar la oportunidad?
Al principio todo es bonito, maravilloso, pero poco tardan en llegar los fantasmas del pasado: que si igual tus anteriores parejas no tuvieron tanta culpa de lo que pasó, que si tal vez el problema lo tienes tú… Desglosas así ese arsenal de inseguridades que tanto te han costado conseguir y, como no podía ser de otra manera, la cosa cambia. Para bien o para mal, somos seres egocéntricos, pero, en el fondo, todos necesitamos a alguien que esté ahí; para comer con nosotros, para comernos a besos, o para simplemente para comerse nuestra basura psicológica y emocional, pero que esté.
Es ahí cuando tienes dos salidas, parar, o tirarte de cabeza en ese barranco tóxico que solo puede llevarte a pensar cosas como, “¿Cuándo dejará de sentir esto por mí?” O “¿Cuándo llegará alguien mejor que me arrebatará a la persona que quiero?” ese alguien -simbólico, se entiende- que ya te sacó del mapa en otras partidas y cuya presencia temes de vuelta, ese príncipe que siempre se lleva a la princesa y que te deja en el lugar de “persona equivocada”, porque, casualmente, todos conocemos a alguien con quien mantuvimos una relación que acabó en desastre, y que, por arte de magia, supera tu ausencia y comienza a compartir su vida con otra persona, que al parecer te pega mil vueltas, y que solo denota que, vaya, igual el problema eras tú.
Llegamos así, por extensa que parezca mi tardanza, a lo que hoy quiero contarte. Es ese primer camino el que debes coger. Porque lo fácil siempre estará ahí, ese camino fácil de seguir auto destruyendo cada relación que se te pone por delante con el único fin de poder seguir diciendo: “vaya, que mala suerte tengo”. Porque, aunque parezca increíble, es una frase que nos pirra, más incluso que la felicidad. Por su parte, el camino difícil es complicado, valga la redundancia, y fugaz. Parece el menos apetecible, pero si das el primer paso, los demás irán solos. Porque hay cosas y gente por quien sí merece la pena luchar, arriesgarte y, en ocasiones, salir mal herido, pero sin excusas.
Porque por breve y complicado que sea algo, basta con que sea real, para dejarte huella a ti y a esa persona especial que tienes en la cabeza ahora mismo, y porque darte cuenta de si él o ella merece o no la pena, es algo que solo conseguirás tomando el camino difícil, e intentándolo.
Porque a veces las excusas y convencionalismos son nubes que nos tapan la felicidad, porque a veces la vida no nos daña apropósito, porque el "peli-manta” puede ser mejor que el resto de lugares del mundo con la persona apropiada, y porque a veces, lo complicado puede ser realmente fácil. Por todo eso, y por mucho más, arriésgate, que no es tan difícil.
Entonces cambias, y empiezas a ver la vida como un camino que has de recorrer solo, habrá gente que te acompañe, pero no siempre, porque tus intereses son, única y exclusivamente, tuyos. Solos nacemos y, mal que nos pese, solos nos vamos. Así que comienzas a interiorizar esta idea, comienzas a auto convencerte de que, bueno, ¿para qué ibas a necesitar a alguien más? si al fin y al cabo lo que tú quieres es ser libre, viajar, encontrarte, y disfrutar sin nadie que te cohíba en tus aventuras, ¿no? Pues no, al menos parcialmente. La libertad es una de las mejores sensaciones que puede experimentar el ser humano, pero esta pierde todo su valor cuando no la vives plenamente, cuando esperas la llegada de alguien que llene ese “huequito” que te dejaron otras personas o que simplemente tú has creado para compadecerte de ti mismo a tu antojo.
Y es que, como de costumbre, la teoría y la práctica no combinan bien, y cuando ya tienes tu vida bien ordenada y planeada hasta el día de tu entrada a la residencia, esta te pone por el medio a alguien que rompe por completo tus esquemas. Alguien que te hace pensar que ahora sí, ahora va a salir bien, porque las relaciones anteriores fueron pruebas, porque a la decimoquinta va la vencida, y, coño, porque ya tocará ser feliz.
De la noche a la mañana derrocas la mayor parte de esas creencias que habían regido tu comportamiento durante años por una persona, parece una locura, pero joder, es que es ella. Entonces te embarcas en una de esas nuevas “aventuras” que te prometiste vivir, solo que cambias los viajes al extranjero por los viajes a sofás, donde mejor se lleva a cabo el famoso “peli-manta”, pero qué más da, todos queremos ser felices, y si te hacen sentir así, ¿por qué dejar pasar la oportunidad?
Al principio todo es bonito, maravilloso, pero poco tardan en llegar los fantasmas del pasado: que si igual tus anteriores parejas no tuvieron tanta culpa de lo que pasó, que si tal vez el problema lo tienes tú… Desglosas así ese arsenal de inseguridades que tanto te han costado conseguir y, como no podía ser de otra manera, la cosa cambia. Para bien o para mal, somos seres egocéntricos, pero, en el fondo, todos necesitamos a alguien que esté ahí; para comer con nosotros, para comernos a besos, o para simplemente para comerse nuestra basura psicológica y emocional, pero que esté.
Es ahí cuando tienes dos salidas, parar, o tirarte de cabeza en ese barranco tóxico que solo puede llevarte a pensar cosas como, “¿Cuándo dejará de sentir esto por mí?” O “¿Cuándo llegará alguien mejor que me arrebatará a la persona que quiero?” ese alguien -simbólico, se entiende- que ya te sacó del mapa en otras partidas y cuya presencia temes de vuelta, ese príncipe que siempre se lleva a la princesa y que te deja en el lugar de “persona equivocada”, porque, casualmente, todos conocemos a alguien con quien mantuvimos una relación que acabó en desastre, y que, por arte de magia, supera tu ausencia y comienza a compartir su vida con otra persona, que al parecer te pega mil vueltas, y que solo denota que, vaya, igual el problema eras tú.
Llegamos así, por extensa que parezca mi tardanza, a lo que hoy quiero contarte. Es ese primer camino el que debes coger. Porque lo fácil siempre estará ahí, ese camino fácil de seguir auto destruyendo cada relación que se te pone por delante con el único fin de poder seguir diciendo: “vaya, que mala suerte tengo”. Porque, aunque parezca increíble, es una frase que nos pirra, más incluso que la felicidad. Por su parte, el camino difícil es complicado, valga la redundancia, y fugaz. Parece el menos apetecible, pero si das el primer paso, los demás irán solos. Porque hay cosas y gente por quien sí merece la pena luchar, arriesgarte y, en ocasiones, salir mal herido, pero sin excusas.
Porque por breve y complicado que sea algo, basta con que sea real, para dejarte huella a ti y a esa persona especial que tienes en la cabeza ahora mismo, y porque darte cuenta de si él o ella merece o no la pena, es algo que solo conseguirás tomando el camino difícil, e intentándolo.
Porque a veces las excusas y convencionalismos son nubes que nos tapan la felicidad, porque a veces la vida no nos daña apropósito, porque el "peli-manta” puede ser mejor que el resto de lugares del mundo con la persona apropiada, y porque a veces, lo complicado puede ser realmente fácil. Por todo eso, y por mucho más, arriésgate, que no es tan difícil.

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