PRESOS

Para, cállate por favor.

Llevamos tanto tiempo inmersos en esta vorágine de gritos y recriminaciones que ya no sé cuál fue el desencadenante de todo. Parece que llevemos un año de discusión, una vida odiándonos y una eternidad sufriendo. Así que cállate porque ya no puedo escucharlo más. Ya no puedo soportarlo más.

Todavía no sé en qué momento cambió todo. Cuándo pasamos de recibirnos entre risas y mariposas a terminar acostumbrándonos a nuestra compañía. Cuándo el frío que nos juntaba y hacía que nos arropáramos se convirtió en este bloque de hielo invisible que hoy nos tiene ya demasiado alejados.

Explícamelo, porque por más noches en vela que le dedique a ello, todavía no he encontrado una sola fecha.

Y ya de paso explícame también cómo nos hemos convertido en lo que hoy somos. Si se supone que dos sumaban más que uno, que juntos éramos fuertes, que nuestra unión significaba algo. Cómo dejamos de ser la pareja perfecta para terminar siendo unos perfectos desconocidos, dos individuos que comparten todo menos lo más importante. Dos almas que dejaron atrás la armonía que las mantenía juntas hace ya mucho tiempo.

Cómo dejamos de fundir nuestros cuerpos en noches únicas y empezamos a vivir noches tan corrientes. Si seguimos siendo los dos, en el mismo sitio y haciendo lo mismo. Cómo puede ser que nada de lo que hagamos ya en esa cama se acerque si quiera a la palabra amor.

Cómo pasamos de todo a nada en tan poco tiempo, en casi un abrir y cerrar de ojos. Cómo podía darme vida algo que hoy me la está quitando a pasos agigantados.

Explícamelo, porque por más noches en vela que le dedique a ello, todavía no he encontrado una sola razón.

O mejor no me expliques nada. Dejémoslo aquí porque ya no tiene sentido buscar explicaciones. Será que habremos dejado de conectar o que simplemente nunca llegamos a hacerlo del todo. Así que quizás es momento de buscar otras conexiones. Mantén la boca cerrada que yo haré lo mismo. Tú por tu lado y yo por el mío. Y si te he visto no me he acuerdo, y si te he amado ya no puedo. Sigue tu camino mientras yo trato de reconstruir el mío. Y nunca más vuelvas a hablarme, no vuelvas a odiarme y mucho menos a quererme. Creo que no podría soportar ninguna de las tres cosas.

Aunque para ser sinceros ya no soporto nada, cualquier acto tuyo es un tajo más en este corazón que ni siquiera entiendo cómo sigue palpitando. Por no aguantar ni siquiera aguanto tu silencio.

Háblame, olvida todo lo que he dicho. No me esquives cariño. Soy yo, el de siempre. Esto no ha sido más que un bache que volveremos a superar para luego caer en él con más fuerza, para luego destruirnos más fuerte, quizás por última vez.

Estoy diciendo tonterías, ya ni si quiera soy dueño de mí mismo. Perdí mi conciencia junto a mi amor propio, debí dejármelos en algún sitio aquel día que te enfadaste tanto. O, ¿fui yo quien se enfadó? Qué más da eso ahora.

Haznos un favor a los dos y vete. Esta vez para siempre. No eres tú, tampoco yo, somos los dos quienes tras tanto tiempo saltando de desastre en desastre pasamos a no ser nada.

Por favor no llores, sabes que si empiezas tú seguiré yo, y que acabaremos reconciliándonos de nuevo bajo la lluvia soñando con una época mejor repleta de días soleados que no llegará. Ya nos conocemos, ya ha pasado antes, ya hemos aprendido la lección.

Vete, llévatelo todo. Coge tus cosas, también las mías, puedes quemarlas si así te sientes mejor. Eso ya no importa, pues solo quiero que dejes una cosa, y tú sabes lo que es. Así que rebusca en tu abrigo o en tu pantalón porque estoy seguro de que la llevas encima. Busca bien, a ver si por fin encuentras la llave que abre unas esposas que llevan ahogándonos desde nuestro primer hola. Encuéntrala y devuélvemela. Que ¿por qué? Porque quizás no seamos unos santos, pero ninguno de los dos merece este infierno. Porque por amor se vive y no se muere, y yo para seguir viviendo encadenado prefiero morir. Así que deja las llaves encima de la mesita y vete sin más, ni siquiera espero un adiós, no es el momento.

Quizás podamos retomar el contacto algún día, superar nuestro odio y reírnos de todo lo que ahora nos está haciendo llorar. Pero no será hoy, tampoco mañana. Será exactamente el día en el que volvamos a ser nosotros mismos, a reponernos de este bache sí, pero por separado. A vivir nuestra vida y dejar atrás por fin todo lo malo que nos ataba y separaba al mismo tiempo.

Un día en el que dejemos por fin, de vivir presos.

Comentarios

Entradas populares de este blog

UN DIBUJO

VUELA

PERFECTA