SE ACABÓ
Se acabó.
Esto que teníamos, queríamos y compartíamos, se acabó.
Todo tiene su fin, y el nuestro lleva rato llamándonos a la puerta.
Podría darte mil razones por las que se acaba, algunas te culpan a ti, otras a mí, pero ninguna puede ya arreglar algo que tanto tiempo lleva roto.
Dicen que solo se rompe cuando no hay amor, pero cuanto se equivocan. Se rompe cuando el amor se ve superado por el dolor, cuando mantenerlo obliga a perder el respeto y el cariño propio, cuando el amor es menos amor y más dolor.
Se acabó, ya no hay forma de ponerle remedio.
Y créeme, ojalá la hubiera.
Porque daría todo lo vivido por recuperarte, no a tu yo de ahora, a la de antes. Daría todo por volver a esa cresta de la ola en la que nuestra única preocupación era darnos hoy todos los besos que nos fueran a faltar mañana. Nada me haría más feliz que poder ser feliz contigo, pero no podemos cariño, ya no.
El problema no es que hayamos cambiado, sino que, en el fondo, nunca llegamos a ser nosotros mismos.
Del "no eres tú, soy yo" al "no soy yo, en realidad eres tú, y no seré yo quien se coma hoy el marrón".
Esa guerra que manteníamos contra el mundo se convirtió en una lucha personal entre nosotros, una batalla entre supuestos aliados que nos fue debilitando poco a poco; como esos bomberos que se pisan las mangueras, como esos niños que se estiran del pelo para demostrarse que se quieren.
Se acabó, y mira que te echaré de menos, no a ti, sino a la persona que creía que eras. Al ideal inalcanzable de amor que asociamos a nosotros y que solo nos hizo vivir una constante decepción.
No duele irse, duele saber que ya no nos podemos quedar, que nos hacemos más mal que bien, y que quedarnos podría ser nuestro verdadero final.
Se acabó, de verdad, no me lo pongas más difícil, que bastante duro ha sido asumir todo como para que vengas tú y me lo vuelvas a complicar.
Nuestra paz pasada se ha convertido en nervios, nuestro mundo en caos y nuestro amor ya se acabó.
Y es que no sé si te lo he dicho pero se acabó. Se acabó sufrir y hacer sufrir a la persona que amas por intentar prolongar algo que hace tiempo dejó de tener sentido. Se acabaron las discusiones tontas, los gritos, los insultos y las noches en vela pensando en qué hacer para que no se acabe.
Se acabó, antes de que sea demasiado tarde.
Hicimos todo lo que estuvo en nuestra mano, y aún así no conseguimos hacer nada. Quizás nos equivocamos de época, de momento o de persona, pero nadie tiene la culpa.
Podríamos reencontrarnos en otra ocasión. Podríamos cambiar, ceder y arreglar todo lo que hoy está roto.
Podríamos hacer mil cosas, pero no hoy, porque hoy, por el bien de los dos, esto se acabó.
Esto que teníamos, queríamos y compartíamos, se acabó.
Todo tiene su fin, y el nuestro lleva rato llamándonos a la puerta.
Podría darte mil razones por las que se acaba, algunas te culpan a ti, otras a mí, pero ninguna puede ya arreglar algo que tanto tiempo lleva roto.
Dicen que solo se rompe cuando no hay amor, pero cuanto se equivocan. Se rompe cuando el amor se ve superado por el dolor, cuando mantenerlo obliga a perder el respeto y el cariño propio, cuando el amor es menos amor y más dolor.
Se acabó, ya no hay forma de ponerle remedio.
Y créeme, ojalá la hubiera.
Porque daría todo lo vivido por recuperarte, no a tu yo de ahora, a la de antes. Daría todo por volver a esa cresta de la ola en la que nuestra única preocupación era darnos hoy todos los besos que nos fueran a faltar mañana. Nada me haría más feliz que poder ser feliz contigo, pero no podemos cariño, ya no.
El problema no es que hayamos cambiado, sino que, en el fondo, nunca llegamos a ser nosotros mismos.
Del "no eres tú, soy yo" al "no soy yo, en realidad eres tú, y no seré yo quien se coma hoy el marrón".
Esa guerra que manteníamos contra el mundo se convirtió en una lucha personal entre nosotros, una batalla entre supuestos aliados que nos fue debilitando poco a poco; como esos bomberos que se pisan las mangueras, como esos niños que se estiran del pelo para demostrarse que se quieren.
Se acabó, y mira que te echaré de menos, no a ti, sino a la persona que creía que eras. Al ideal inalcanzable de amor que asociamos a nosotros y que solo nos hizo vivir una constante decepción.
No duele irse, duele saber que ya no nos podemos quedar, que nos hacemos más mal que bien, y que quedarnos podría ser nuestro verdadero final.
Se acabó, de verdad, no me lo pongas más difícil, que bastante duro ha sido asumir todo como para que vengas tú y me lo vuelvas a complicar.
Nuestra paz pasada se ha convertido en nervios, nuestro mundo en caos y nuestro amor ya se acabó.
Y es que no sé si te lo he dicho pero se acabó. Se acabó sufrir y hacer sufrir a la persona que amas por intentar prolongar algo que hace tiempo dejó de tener sentido. Se acabaron las discusiones tontas, los gritos, los insultos y las noches en vela pensando en qué hacer para que no se acabe.
Se acabó, antes de que sea demasiado tarde.
Hicimos todo lo que estuvo en nuestra mano, y aún así no conseguimos hacer nada. Quizás nos equivocamos de época, de momento o de persona, pero nadie tiene la culpa.
Podríamos reencontrarnos en otra ocasión. Podríamos cambiar, ceder y arreglar todo lo que hoy está roto.
Podríamos hacer mil cosas, pero no hoy, porque hoy, por el bien de los dos, esto se acabó.

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